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  • Cuentan los bateristas y comienza un tema. En Los Intocables recuerdo que los shows empezaban con nuestro manager diciéndonos a mí y a Nitti Mangieri algo que sonaba como “daledaledale subansuban”…

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  • Todos necesitamos un nombre y un lugar: a lo primero aprendimos a responder “Los Intocables“, a lo segundo “Thames 320“…

La Madre de las Salas

Todos necesitamos un nombre y un lugar: a lo primero aprendimos a responder “Los Intocables“, a lo segundo “Thames 320“…

Por Alexander Blake

Por algún motivo que se me escapa, Kovalsky suele ponerle nombres mutantísimos a sus perros (ojo, digo “mutantísimos”, no injustos); así, su histórico can respondía al nombre de Nicola (no tenía cola, de ahí que fuera justo, más no excento de mutancia). A su vez, su simpática compañera perrita actual se llama “Gambetta” (de nuevo, no es injusta su denominación ya que de no practicar uno gambetas que hasta los bailarines del Bolshoi envidiarían, podría pisarle alguna patita y desatar sin remedio la ira asesina del animalito).
Por algún otro motivo que también se me escapa (miren, a mí se me escapan motivos, a Napo o a Juan se les escapaban jirones aéreos del Infierno, así que no es tan grave), Clody no logra retener el nombre de la perrita de Kovalsky, y cuando quiere referirse a ella, lo hace con los siguientes nombres: “La perrita Tarantela“, “Cantinela“, “Candilejas” y -este no tiene más de cuarenta y ocho horas- “La perrita Rabieta” (¿?) (¡!)
Bien, lo que acabo de contar no tiene nada que ver con las siguientes anécdotas ni con la sala de Thames, pero es evidente que tenía que compartirlo…

Si hay algo que en mí desata una nostalgia más profunda que la fosa de Mindanao, esos son los recuerdos de cosas vividas en la sala de ensayo de Thames 320.
No es que no pasaran cosas maravillosas también en otros ámbitos -basta con recorrer un poco este anecdotario para darse cuenta-, lo que ocurre es que en la sala se precipitaban varios elementos decisivos.
Ante todo era “nuestro” lugar, era la base sobre la que construir algo, porque por más que aquí pongamos el acento en todo lo extra musical, lo cierto es que Los Intocables eran inicialmente un grupo de personas que consideraban que la música era lo más importante. Pensemos que por ejemplo el Bebe Ferreyra llegó como músico y recién luego fue adoptado como miembro de la familia mutante: recién luego.
De ahí que sea una sala de ensayo, es decir un lugar dado para tocar -y no un club, un bar, la casa de alguien- el sitio reconocido como base.
Luego creo que se daban situaciones psicológicamente importantes, como que los dueños de casa fueran una pareja que en varios aspectos estaban por encima nuestro y nos brindaran comprensivamente soporte (me refiero al matrimonio de Clody y Alejandro Velázquez, manager y co-fundador de Los Intocables).
Aquellas tardes de verano plenas de digresiones, aquellas previas de shows, aquellas noches interminables luego de los ensayos en donde bien podíamos discutir por horas el correcto agarre de palos o si los animales eran o no inteligentes son, felizmente, imborrables.
Bueno, disipo un poco esta nostalgia que comienza a gobernarme nuevamente y les cuento dos cosas que sucedieron en la madre de todas las salas…

El nombre de Los Intocables.
Como sabemos, cada cosa, para ser, necesita un nombre. Y las bandas, al menos en este aspecto, se parecen a las mascotas, a los bebés y a las logias: necesitan su nombre.
Cuando yo entré a tocar con todas estas… personas, la agrupación se llamaba Los Alcaloides y era -allá por el ochenta y seis-, la banda más convocante del under que aún no había grabado un disco.
A poco de entrar -pocos meses, siendo aún el verano de mil novecientos ochenta y seis- se plantea el tema de cambiar el nombre vigente: por un lado la banda quería establecer un corte claro entre una identidad mitad ska, mitad rockabilly -que era lo que hacían Los Alcaloides- y por otro parecía que lo de “alcaloides” generaba algún reparo en la televisión.
Más por el primer motivo que por el segundo, nos reunimos los de entonces en Thames 320 a presentar alternativas. Recuerdo que estábamos Miss Clody, Gustavo Janse -primer bajista de la banda-, Silvio -primer baterista-, Alejandro Napia Velázquez, Juan Velázquez, Bam Bam Giménez, Marcelo Yeyati, Ricky Ridecós y quien esto suscribe.
No fue lo que se dice una tarde muy creativa; apenas aparecieron nuevas propuestas, entre las que se escucharon cosas como “¿Cuál es su gracia?” y “Mercado Negro“.
En medio de las conversaciones se halagaban algunos nombres del momento, tal como “200 presos heroicos” (recuerdo la vehemencia de Gus al hablar de él: “Esh impreshionante, boludo, contundente…”)
De entre las opciones que iban apareciendo hasta ahí yo me inclinaba internamente por “Mercado Negro” -propuesta por Janse-; un nombre que sentía que nos hubiera representado muy bien: era fuerte, marcaba conflicto, tenía una firmeza hasta cromática. Eso hasta que Bam Bam Giménez propuso el suyo: “Los Intocables
Enfatizó su nombre con una descripción muy efectista y detallada de la serie de televisión que todos habíamos visto en blanco y negro protagonizada por Robert Stack, describiendo ropa, banda sonora y lo que hiciera falta para convencer a todos de que EL nombre era ESE -Giménez era capaz de venderle arena a los Emiratos Árabes-.
Debo decir que su exposición fue concluyente y todos nos quedamos con la total y absoluta convicción de que a partir de ese momento, ÉRAMOS Los Intocables.
Más tarde se dieron algunas notas de color en referencia al nombre escogido (que, reitero, surgió de la serie de televisión del cincuenta y nueve y no de The Untouchables, la banda californiana formada hacia comienzos de los ochentas -esa era una banda totalmente desconocida en Buenos Aires y recuerden que estamos hablando de la época en que por “mail” se entendía un pedazo de papel escrito dentro de un sobre con estampillas-): nuestro primer baterista se llamaba Silvio Enrico, y a partir de ese momento fue presentado sólo como “Enrico” (en alución a Enrico Rossi, uno de los agentes de Eliot Ness); nuestro segundo baterista (de nombre Hugo Magieri) adoptó el pseudónimo de “Nitti Mangieri” (en relación al mafioso Frank Nitti) y por último fue el mismo Bam Bam el que aportó una grabación de audio del televisor de su casa -la cual llevó a los estudios Moebio- y que terminó formando parte del tema “Crímenes en el motel” en el primer disco.
“Los Intocables” también fue un nombre que motivó comentarios fuera de toda calificación de parte de conductores de televisión excitables, como aquella vez que Leonardo “hombreras” Simons tocó con sus manos a  los miembros que estaban más cerca de él y luego preguntó -entre confuso y fronterizo-: ¿Pero cómo, son Los Intocables… si yo los pude tocar?. Una bella página también nos la entregó Macu Mazzuca, cuando de improviso abordó al Bebe Ferreyra, en uno de esos programas que había en “ATC” los sábados por la tarde y que demostraba que los directivos del canal no consentían en cortar la señal jamás (es decir, siempre debía de haber algo… lo que fuera) preguntándole: “¿Qué tal Eliot?”, a lo que Marcelo Horacio respondió (presa de la ilogia): “¡¡Ness!!”

Primero el trombón, después las galletitas.
Un capítulo aparte lo merecería la oferta gastronómica que rodeaba a la sala, pero desde ya les puedo adelantar que de toda la zona, donde mejor se comía era en Thames trecientos veinte cuando la que cocinaba era Clody.
Entre los lugares dedicados a la restauración que existían en las inmediaciones, teníamos: El Dandy, El Mérito, La Escondida y Nápoles (hablo de los que frecuentábamos, por Corrientes había más sitios).
También atacábamos una pequeña pizzería del tamaño de un kiosco para enanos (me refiero a los enanos esos que caminan, no a los del Lexicón), cuyo nombre no recuerdo (si es que lo tenía; creo rememorar que se llamaba “Pizzería”).
Cuando teníamos la dicha de contar con la buena predisposición de Clody -nieta por ambos lados de Chefs Internacionales (real)- a veces íbamos con Kovalsky a comprar los ingredientes a lo de “El Ruso”; una especie de cerril antisocial que te atendía en musculosa, con barbita de dos días (todos los días tenía barbita de dos días; un talento), con más conocimiento de lenguas muertas que de marcas de jabón y con una especie de cabeza de rulos a los Maradona, pero rojiza.
Años después me pregunté -aún lo hago- cómo es que íbamos a comprar cosas a este lugar ignominioso; de haber ido a lo del Ruso la gente de bromatología, seguro que terminaban pidiendo por radio refuerzos al departamento de Delitos contra la Especie.
El Ruso era hosco, no verboso y raramente respondía algo más que un cabeceo, sin embargo se mostraba cariñoso con las moscas, a quienes ofrecía diariamente copiosos banquetes. A pesar de esto -y de las denuncias por intoxicación de lesa humanidad que tenía a decenas- como dije, con Kovalsky insistíamos en comprarle delicatessens.
De más está decir que si Clody se enteraba de que habíamos ido a lo del Ruso, nos echaba de Thames a navajazos, de manera que mejor era evitar toda referencia al proveedor de las cosas que llevábamos.
Cierta tarde de verano, estando ociosamente con Kovalsky, Clody y Alejandro, decidimos ir a buscar algo con lo que acompañar unos mates, y sin decir dónde nos dirigíamos, enfilamos hacia lo del Ruso.
Ni bien llegar, fuimos recibidos por el anfitrión con una combinación exquisita de gestos: una mano rascaba un sobaco, y el mentón se proyectó hacia adelante como quien dice: “Los egregios caballeros, ¿gustan llevar algo?”.
Kovalsky sentía -siente todavía- una patológica atracción por las galletitas más mutantes que pudiera ofrecer la creativa industria nacional: siempre escrutaba por largos minutos las latas en forma de cubo con una ventana circular que se apilaban más allá de la visión descansada.
Siempre terminaba por elegir productos de nombres sorprendentes, tales como “Galletitas Cocoliche”, “Masitas Pierrot” o “Polvorones Elba”. Algo que llegaba a dislocarlo y a hacer que no escatimara erogaciones en metálico eran las galletitas con forma de pequeños rostros, ya de minúsculos clowns, ya de hombrecitos microcefálicos.
Esa era su especialidad y ese era el pedido que estábamos haciéndole al facialmente paralizado Ruso: “Maestro, ciento cincuenta de Cocoliche… ciento cincuenta de estas, las Pierrot, y dos cientos de Elba…“.
El Ruso, quien momentos antes de atendernos había estado destapando un desagüe con las manos sacando pelotas de pelo de perro, tomaba las galletitas y las metía en una bolsa translúcida… con esas mismas manos…
Entre esto y calculando el precio de la compra estaba el propietario del establecimiento, cuando por la radio -que tenía sobre una estantería- comienza a sonar un demoledor tema con trombón (en ese aparato generalmente se escuchaban los partidos entre Villa Cigarro y Deportivo Excrecencias, pero rara vez una joya musical de tales dimensiones).
Esa radio, la del Ruso, era de una calidad y potencia excepcionales, ya que podía escucharse lo que ella emitía a pesar de la capa de cinco centímetros de grasa que la envolvía holísticamente.
Al escuchar semejante tema -Kovalsky se acordará el nombre, ahora mismo soy presa de la idiocia-, que creo que tenía algo que ver con Mr. Trombone, nos miramos con un estupor que no entraba en el almacén, y salimos sin más corriendo cual cheetas rumbo a la sala.
El Ruso quedó aún más paralizado, tirando con sus dedos de dos orejitas de una de las bolsas haciendo un pequeño nudo, mientras veía cómo nos alejábamos corriendo por la vereda.
Llegamos a la puerta de Thames y comenzamos a aplastar el botón del timbre mientras gritábamos exigiendo que nos abrieran la puerta YA.
La misma finalmente se abrió, trepamos por las escaleras como quien huye de un río de lava, entramos en la sala de máquinas, sintonizamos lo más rápido que pudimos la radio que estaba escuchando el Ruso, pusimos una cinta en el equipo de audio y llegamos a grabar algunos minutos de la majestuosa composición.
Durante un tiempo pensamos que sería un tremendo cover para hacer, pero esto, como la normalidad, la prudencia, el buen gusto y el tino, sería olvidado más tarde.
Una vez que hubo concluido el tema, volvimos a lo del Ruso a pagar y retirar la compra; él nos vio entrar como si fuera la primera vez, y cuando nos despedimos dijo: “Mm“.

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18 Comments

  1. Lebeat escribió estas palabras el 5 Enero 2010 | Link permanente

    Impresionante como siempre, me acuerdo del día de Mr Trombone y de la melodía del tema. Quedó como uno de esos clásicos que se cantaban a capella como “nací para ti… aqui me tienes”, como “baby baby baby doll” y tantos más.

  2. kovalsky escribió estas palabras el 5 Enero 2010 | Link permanente

    Es muy cierto, mis simpáticos canes fueron nombrados hasta el hartazgo por los fogoneos de mentes luminosas. Nuevamente es Marcelo Horacio quien descalibra la máquina de la vida, cambiandole el nombre a mi perra Gambetta
    por Borriqueta.
    Respecto a la melodía de Mr Trombón, fue una época de transferencia de obsesiones, en este caso mía hacia Blake. La vida carecía de sentido sin el trombón a vara. Ergo: era mi tema recurrente, de modo que cuando escuchamos semejante joya, ni tuvimos que hablar, sólo pudimos correr hasta la sala a grabar.

  3. Alexander Blake escribió estas palabras el 6 Enero 2010 | Link permanente

    Sí señor Lebeat, ahí hay otra interesante página: “temas deformes nunca grabados ni tocados en vivo por nosotros
    Koavalsky, noto que el Bebín sigue subvirtiendo los nombres de las mascotas; ¿Te acordás cómo rebautizó en segundos varias veces a mi perra Diana?
    ⒶⓅⒷ

  4. Alexander Blake escribió estas palabras el 6 Enero 2010 | Link permanente

    Niños, encontré el tema: http://baldwineffect.posterous.com/mr-trombone-cabalgata

    + data: http://rockolafree.com.ar/MrTrombone.htm (a que no saben de dónde salió “Mr Trombone”: de DEVOTO, Carlitoooosssss…)

  5. Martin Cueto escribió estas palabras el 10 Enero 2010 | Link permanente

    Ese tema de Mr. Trombon tiene un sonido a mento-porteño muy interesante. A seguir investigando.

  6. Alexander Blake escribió estas palabras el 10 Enero 2010 | Link permanente

    Así es… es más, te digo algo: llegaría feliz a mi tercera edad si alguna banda de jóvenes amantes del estilo hiciera este cover finalmente.
    Mr. Trombone se lo merece…
    ⒶⓅⒷ

  7. aleska escribió estas palabras el 12 Enero 2010 | Link permanente

    Me imagino lo que hubiera sido ese cover en manos del Bebe…y un video de tamaña versión sería demasiado. A proposito de videos ¿habrá relatos de lo que fueron las idas y vueltas de la videología intocable? Saludos desde otro tiempo y lugar.

  8. Alexander Blake escribió estas palabras el 26 Enero 2010 | Link permanente

    Aleska, hay casi una tonelada de anécdotas de los videos hechos por Los Intocables.
    Prometemos desarrollar ese oscura región de los recuerdos…

  9. aleska escribió estas palabras el 26 Enero 2010 | Link permanente

    ESPERAMOS ESO PERO, POR PIEDAD, DE A UNA!!!!!

  10. anonimo escribió estas palabras el 12 Mayo 2010 | Link permanente

    Llegué a aquí por accidente y espero que el proyecto no esté abandonado porque noto que hay poca actividad últimamente.

    No obstante ,me gustaría aprovechar para intentar compartir una supuesta historia de aquellos días.

    Según me parece, había alguno, o más de un personaje que tenía cierta predilección, o tal vez fascinación por lo escatológico, situación que según cuenta la historia se puso de manifiesto en un cumpleaños de Alejandro en el alguien se tomó el trabajo oloroso de rellenar una piñata con excremento canino. Lo que no puedo asegurar, porque no recuerdo o no me lo contaron es, si además de las deposiciones, había caramelos y alguna otra cosa en el flexible recipiente.

    La cuestión es que el resumen de lo ocurrido habría quedado plasmado en esta frase de cuño único, atribuida a Juan, que habría dicho: “en la fiesta del Napia pintó soretazo, y los hijodeputa no agarrrraban los durelis, agarrrraban los blandengues……”.

    En fin….

    Espero puedan ratificar, rectificar o desmentir esta historía y mientras tanto voy pensando si revelo mi identidad.

    Un gran saludo

  11. Alexander Blake escribió estas palabras el 13 Mayo 2010 | Link permanente

    Apreciado Anónimo:
    La gran mayoría del cuerpo de su comentario puede ser ratificado.
    En efecto existía gente con un decidido y pronunciado interés por lo escatológico (y no hablo de religión, por más que algunos hicieran culto de ello) en la banda y en sus inmediaciones, aunque es justo decir que el cenit de ese interés se hacía carne en Juan Velázquez.
    Con respecto a la frase final que cita, no puedo dar fe de ella, pero cumple con el requisito estilístico de su supuesto autor.
    Sólo una pequeña rectificación sin importancia -salvo para la estricta comunidad deforme del B2S1-: el suceso que relata no tuvo lugar en un cumpleaños de Alejandro sino de Silvio, el primer baterista de Los Intocables.

    Anónimo, como agradecimiento a su bella página -la cual ayuda grandemente a ennoblecer la imagen de esta antigua banda de superska- le propongo algo: le intercambio el conocimiento de su identidad por una nueva anécdota; vale decir, yo cuento un hecho histórico trepidante en relación con Los Intocables y usted nos dice a todos quién es… ¿Está de acuerdo?

    ⒶⓅⒷ

  12. anonimo escribió estas palabras el 13 Mayo 2010 | Link permanente

    Dear Mr A. Blake, para saber quien soy hay que saber leer entre líneas, por lo que lo invito mi nombre o pseudónimo a encontrar en alguno de todos estos sitios:

    http://www.imdb.com
    http://www.google.com
    http://www.bing.com

    Gran saludo

  13. Lebeat escribió estas palabras el 19 Mayo 2010 | Link permanente

    Estimado anónimo, dice ud haber llegado a este sitio por accidente. Sin embargo, posee un conocimiento bastante detallado acerca de algunos integrantes y sus peripecias. Lo cual me hace pensar que
    A) Está engañandonos con el “llegué por accidente”
    B) Es alguien que no ha sido invitado a ser parte de este sitio, ni del quién es quién, y demuestra cierto razgo de recelo por ello.

  14. anonimo escribió estas palabras el 20 Mayo 2010 | Link permanente

    Negativo LeBeat, ni A) ni B), el poder de google me trajo hasta aquí accidentalmente y mis ojos no podían creer lo que estaba viendo. Por lo tanto lamento informarle que no ha dado en la tecla. Un gran abrazo!

  15. Lebeat escribió estas palabras el 22 Mayo 2010 | Link permanente

    Hmmmmm que interesante (diría el Supremo), pero me retiro de intercambiar palabras con alguien que no quiere darse a conocer. Esa actitud va en contra de TODO lo que este sitio representa. Si decide presentarse formalmente para compartir más experiencias de aquellas gloriosas épocas, seremos nuevamente amigos. Exitos!

  16. Sol Aguirre escribió estas palabras el 27 Mayo 2010 | Link permanente

    Para Anónimo:

    Nada me sorprende de las ocurrencias acontecidas en los festejos de cumpleaños de Los Intocables por aquellos días… como olvidarme cuando me invitaron a uno y al abrir la puerta me ví envuelta en una guerra de bombitas de crema que volaban por el aire y para amenizar los bombazos se acompañaron por chorros de soda de sifón… lo más sorprendente fue cuando uno de los presentes dijo que era lo más común en estos acontecimientos. Nunca fui recibida de manera tan dulce en una reunión!

  17. Ale escribió estas palabras el 30 Mayo 2010 | Link permanente

    Como diria el Turco: anonimo la bigornia !!! Los anonimos gralmente tienen muy mala reputacion. Nada mas lejos de la fauna de Intocable que un anonimo. Los Into si se destacan es por no haberse escondido jamas detras del anonimato por mas que la anecdota o el comentario pueda descubrir algun defecto personal. Con todo respeto, propongo no publicar comentarios de “anonimos” o personas que no puedan dar credito a su identidad. Para farsantes y simuladores estamos nosotros mismos que inventamos una epopeya de la nada. O no ?

  18. Alexander Blake escribió estas palabras el 31 Mayo 2010 | Link permanente

    Vamos anónimo, no sea anodino, anote su nombre, anonadados estamos con semejante anormalidad…

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