Ustedes se preguntarán -hasta con cierta razón-: ¿Por qué aparece ahora otra anécdota? ¿Por qué después de meses y meses de nada? ¿Por qué nuevamente el Salsamóvil es el catalizador de historias deformes?
Lo único que puedo decirles es: Porque sí, porque la deformidad no está hecha para ser explicada; se da o no se da, y en este momento, se dió.
Les debía al menos el relato de seis sucesos acaecidos en el automóvil que fuera propiedad de Marcelo Ferreyra, y la verdad es que en todos estos meses no he podido dormir demasiado bien… comienzo contando uno -tampoco querrán que me hernie-, a ver si todavía era eso lo que me producía insomnio…

Gira Mágica y “Misteriosa”…
Ustedes deben saber algo que creo que no aclaramos en la primera de las anécdotas sobre el Salsamóvil ni antes aún, en la página “¿Qué hallar aquí?”: el efecto “secuestro de cerebro“.
Este efecto uno podía sentirlo apenas se veía en algún “momento Intocable”, ya sea en la sala de Thames, en el micro, en un escenario, en un bar, en cualquier parte…
La sensación era la de la pérdida total de la volición, la de estar metido en algo que era superior al propio discernimiento -aunque poco, algo había ¿saben?- y que te iba llevando hacia alguna situación de la que no teníamos mayor previsión.
Pues si el secuestro de cerebro se daba con sólo estar acompañado de la gente correcta, en el Salsamóvil esto se veía potenciado y hasta garantizado…
Cuando estábamos haciendo los ensayos para el segundo disco, al acercarse las fechas de la grabación, cambiamos la forma de ensayar: comenzamos a hacerlo por secciones además de todos juntos para así poder limar todas las asperezas que fuéramos hallando (me refiero a asperezas musicales exclusivamente).
De esta manera, Clody y Juan preparaban las voces, Ariel, Nitti, Ricky y Bam Bam las bases y el Bebe, el Tirolés y yo los vientos.
Para nosotros los bronces, siempre había sido un poco más complicado el asunto de los arreglos, primero porque había que pegarse al Bebe, que era muy superior musicalmente a todos Los Intocables, y segundo porque nuestro héroe estaba pasando por un período de entre indecisión y creatividad inusitados: cambiaba las voces y los arreglos dieciocho veces al día: “Hagamos esto… mmm… no, mejor esto… ehhh… no, mejor esto otro….”
En eso estábamos, cuando decidimos ensayar un día en la casa de Ferreyra, ya que la sala estaba ocupada por la base. La idea era pasar específicamente un tema: “Sin pedir Perdón” y trabajar juntos los solos, ya que irían pegados uno después del otro. (Les cuento una tontería en relación con ese tema: la primer letra del mismo la había hecho Gustavo Janse y decía: “Dale y reza y reza en el fondo de la iglesia, coge y coge y coge las manos del Señor”; tras un proceso de autocensura quedó como luego se grabó, con el “entrega por completo tu cuerpo y tu mente al Señor”…)
Yo ya sabía que pretender trabajar en lo Marcello era mucho pretender; existen empresas mucho más sencillas, tales como convencer a Vicentico de que deje de cantar como Tita Merelo, ser todavía más grasas que Tinelli o sacarse una astilla del dedo usando la oreja de alguien que se durmió en el colectivo al lado nuestro.
Sí, ya sé que todo esto es dificilísimo, pero llevar al Bebín a una rutina de trabajo lo es aún más.
Ni bien entrar con el Tirolés (pobre santo, creía que iba a ensayar y todo) el Pontífice del Ocio nos dispara: “¿Un cafecito Maestros?”. Fin del ensayo, a partir de ahí todo fueron anécdotas y bifurcadores de la atención tales como: “¡Poyín!, ¡Mirá lo que tengo! ¡El episodio que me faltaba de…!”
Una cosa llevaba vertiginosa y audazmente a la otra (ni Pancho Ibáñez hubiera pensado hasta qué punto “Todo tiene que ver con todo”) y tan pronto nos encontrábamos conversando sobre el momento en que Tara King entra en Los Vengadores -luego de la despedida de Emma Peel- como de las bondades de la pomada hemorroidal “Ice Ring”…
De hecho recuerdo algo curioso: el Bebe Ferreyra parecía muy excitado con el hecho de que el marido del personaje de Diana Rigg, tuviera un asombroso parecido con el mismísimo John Steed; “¡Son iguales! ¡Cuando él lo ve al otro por la ventana se queda duro!” nos decía. Esta recurrencia del Bebe -ese día lo dijo unas quinientas veces- volví a recordarla casi diez años más tarde, estando con Clodyn en Manhattan a las veinticuatro horas del treinta y uno de Diciembre de mil novecientos noventa y nueve (lo que dieron en llamar el “Millennium”); mientras la gilada estaba haciendo la cuenta regresiva en Times Square para pasar de siglo y de milenio al mismo tiempo, nosotros estábamos encerrados en un departamento viendo ese preciso y triste episodio…
Vuelvo a Saenz Peña, al piso once, a la casa del Bebe.
Habremos tomado no menos de siete cafés con Coffee Mate y sacarina de la fuerza aérea -cáncer en tres meses- (el Tirolés y yo, Ferreyra tomó alrededor de treinta y dos y no evidenciaba un deterioro de su salud), escuchado algo de doscientos segmentos de cosas tan variadas como el Festival OTI de la Canción -Edición Aruba de mil novecientos ochenta y uno-, la ópera Don Giovanni o piezas de Laurie Johnson, todas puestas y sacadas como por un Dj enfermo de rabia en estado terminal y hablado de cerca de noventa y pico de deformidades.
En un buen momento, caemos -caigo- en la cuenta de que hacía ya una hora que debíamos estar en la sala de Thames para ensayar con el resto de la banda.
Como se imaginarán, la única persona preocupada por este sutil retraso, era yo; al Bebín le daba lo mismo ir a ensayar, concurrir a un desfile de batones hechos con pañolenci o salir a pegarle tiros a quienes “dividen mal jazz”, y el Tirolés estaba en tal estado de shock después de esa inmersión violenta en la casa de Il Regista que ni leer el reloj sabía…
Dije: “Dioses, ¿Qué tal si vamos yendo a la sala que el resto de los egregios caballeros -y Lady Twain- nos deben estar esperando con cierto grado de inquietud?”
A partir de ese momento habremos esperado a Marcelo Horacio unos cuarenta minutos a que estuviera listo (lo de la pomada hemorroidal iba en serio), bajamos a la calle, nos subimos al Salsa y partimos -pensábamos en ese momento- rumbo al templo de la desmesura, sito en Thames 320.
En el preciso instante en que se cerró la última puerta del Peugeot 404, comenzó lo que definí antes como secuestro de cerebro.
Al salir de Saenz Peña rumbo a la Avenida San Martín pasando por Devoto, noto que el Titán (según el mote que con justicia le pusiera Kovalsky) diseña un derrotero que JAMÁS nos dejaría en la sala: estaba enfilando desde la plaza Arenales hacia la estación Devoto del FFCC San Martín.
Antes de poder preguntarle qué estaba haciendo, Dios nos dijo: “¿Otro cafecito Maestros?”. Lo que Ferreyra pretendía era llegar al bar que por aquel entonces se llamaba Fond Rouge (luego cambió su nombre por “La Fonda”) y así lo hizo.
Como no enfrentó ninguna posición en contra de su propuesta -ya teníamos todos el cerebro secuestrado-, terminamos tomando unos cuantos cafés más, cosa que nos habrá demorado entre una y dos horas que se sumaban a la demora previa.
Cuando volvió a aparecer en la mente de alguno de nosotros el compromiso de pasar por la sala, nos dispusimos a pagar, levantarnos y meternos nuevamente en el Peugeot.
En ese momento el Tirolés -que viajaba en el asiento del acompañante- intenta bajar la ventanilla de su puerta, para lo cual manipula la manivela y la hace girar. Apenas la mueve un micrón en el sentido contrario al de las agujas del reloj, el vidrio de la ventanilla se “descuelga” y cae al vacío, quedando súbitamente oculto en el interior de la puerta.
Ferreyra, al ver cómo desaparecía su vidrio, grita: “¿PERO QUÉ HACÉS? ¿ESTÁS LOCO?”
El Tirolés se quedó petrificado pensando: “¿Qué hice?”, pensamiento al que Marcello respondió -como si lo hubiera escuchado-: “¡Esa ventanilla no se puede abrir!… Mhmmm (gruñido y énfasis en la papada)”.
Bajamos del auto que jamás había arrancado, y lo que siguió fue una búsqueda oligofrénica y frenética de un destornillador con el que desarmar la puerta del Salsa. Como estábamos en plena calle -en la placita que queda enfrente de la estación de trenes- nuestras posibilidades de éxito eran remotas, por lo que el Bebe encara hacia el bar nuevamente.
Cuando yo estaba pensando: “¿Será posible que este Genio vaya a tomar más café?”, veo que vuelve con un destornillador en la mano y acompañado por el mozo Kissinger.
A este mozo lo apodamos “Kissinger” con Clody y Kovalsky no porque se pareciera a Henry, sino porque un buen día, de buenas a primeras y de forma absolutamente sorpresiva e inconsulta nos recibe en el bar con un besito a cada uno. A partir de ese día, KISSinger nos decía “hola” y “chau” acompañando la fórmula de cortesía con un mimito.
Llegó Lord Horace munido de un destornillador a la puerta en cuestión y se dispuso a desarmarla.
Como ya imaginarán, el Bebe desconoce de forma absoluta el funcionamiento de cualquier cosa mecánica fuera de su trombón, por lo que percibí que cuando enfrentó el interior de la puerta, para él eso que veía equivalía al abdomen abierto de un lagarto de Komodo: no cazaba UNA.
Movió varillas, sacó y puso y volvió a sacar tornillos, agarró con nerviosismo el vidrio para volver a dejarlo donde estaba y no dejaba de bufar y de decir una y otra vez -para incomodar al Tirolés-: “Mhmmm…(gruñido y énfasis en la papada)”. El Tirolés miraba, yo miraba y Kissinger miraba…
Cuando comprendí que esta situación nunca hallaría un final, le sugerí al Maestruli que subiéramos el vidrio como fuera y lo dejáramos fijo: de esta manera nos sacábamos de encima la complejidad de comprender el funcionamiento del sistema.
El Bebe expresa que está de acuerdo, lo ayudo a subir el vidrio, usamos el destornillador para clavarlo en el burlete de la ventanilla y que el vidrio no vuelva a suicidarse, nos subimos al Salsamóvil, nos vamos y dejamos a Kissinger en la plaza, sin destornillador y sin besito…
Cuando cerca de seis horas más tarde de lo acordado llegamos a Thames, nos encontramos con un cartel en la puerta que decía: “¿Dónde están HIJOS DE PUTA?”
Tal vez no estaba dirigido a nosotros, sin dudas Ferreyra así lo pensó cuando nos propuso (juro que no digo esto para terminar simétricamente la historia; fue lo que pasó): “¿Otro cafecito, Maestros?”
…Terminamos en Nápoles…

16 Comments
“El cafe de los Maestros”
Excelente anecdota! un saludo!
P.D: Que le deparo el destino al 404? es tambien tema de otra anecdota o lo sigue teniendo el Bebe?
…no paro de pegarme cachetazos, para parar de reír.
Usted Blake, se merece más que nadie, aquel término que acuñé hace ya unos años,y que está perfectamente caracterizado en su persona. Usted es un “pugil lingüista”, nos pega puñetazos con sus palabras, pero solo para deleitar una y otra vez, nuestros frágiles oídos deformes.
La próxima vez que tenga el placer de encontrarlo -como hacemos una vez por mes- en “Living in London” de Madrid (salón de té londinense)le propinaré a usted, un beso en cada mejilla, con el fin de agradecerle tan gratos momentos.
Suya, su amiga Clody Twain.
Impresionante narración de los sucesos. Yo que sufro ante la impuntualidad (propia y ajena), me sentí algo incómodo al ver como se demoraron… HDP!!!!!!!!!
Y para cuando algo de House of Gong??? A proposito, que es House of Gong???
Felicito a Blake por el vital encadenamiento de su prosa y su memoria, pero…¡Qué desgracia, qué maldita desgracia! Puedo hilvanar mentalmente el recorrido que hicieron en el mítico depto de Marchello en la Saenz, puedo ver la pátina de ollín en los tazones de café, puedo verlo al Dios atravesar cientos de semáforos en rojo sin pestañear, puedo ver sus botitas blancas a lo Eddie pequeñino junto a la catrera… puedo ver esto y miles de cosas mal. Pero lo que no pude… es estar presente…
Grande poeta!
Querida Clody Twain, quisiera decirle que mis construcciones sintácticas obedecen a mi esfuerzo intelectual, pero no, lo hacen bajo el influjo de un manantial inspirador: Marcelo Horacio. Nuestro Julio Verne. Él tiene la llave maestra de todas las compuertas, Él nos mostró que éramos ciegos y que la vida tenía dimensiones ocultas e inimaginadas. Él y sólo Él elevó la pomada hemorroidal a la categoría de mágico ungüento. Por esto y muchas, muchísimas cosas más, es que me atrevo a exprimir mi escaso talento poético (estoy… emocionado).
Por eso y muchas cosas mas….VEN a mi casa esta Navidad
Gracias Hernán. El Salsa, luego de un incidente en la avenida General Paz -Ferreyra iba por esa vía sin frenos y chocó, pero ya lo contaré en detalle- fue vendido a un mecánico que tenía su taller cerca de la calle Jean Jaurès, donde fue el Bebín a vivir durante la era Puchín Puchón.
Luego del Salsa vino el “Titanic”, un Ford Fairlane gigantesco (la versión potente, con motor V8)…
Clody: gracias por tus palabras, en especial por el nuevo significado que inauguraste para tu término “púgil lingüista”; originariamente designaba a quienes maltrataban al idioma, ahora tiene dos acepciones…
Chikito: Gacias también por tus conceptos. Es muy interesante lo que decís de sufrir la impuntualidad: eso es exactamente lo que me pasó a mí -y en general me pasa-, claro, hasta que por los motivos expuestos me fue sustraído el cerebro.
Ya que eres un joven atento e inquieto, te diré algo en relación a house of GONG: es algo que se había suspendido transitoriamente hasta hace muy poco, pero que se ha retomado con renovadas energías. ¿Qué es? mmm… algo que pronto podrás experimentar…
Kovalsky: agradezco conmovido tus palabras, pero por favor ¡no seas tan angurriento!: ¡Si esta no es la única situación en la que no estuviste, le pega en el palo! Vos sos uno de los ubicuos de la mutancia…
A todos los lectores: ¿Creen acaso que el 21 de este mes de Noviembre, cuando se cumpla el primer aniversario del B2S1 no pasará nada, no habrá sorpresas?
Si es así, son demasiado inocentes…
Sir Alexander,
¿Como que el 21-Nov-09 es el primer aniversario de B2S1?
Yo siempre pensé que eso habia sido el 6-Oct-09.
Es verdad, soy un joven muy atento a los detalles.
Chikito, “casi” tenés razón; el 6 de Octubre del año pasado se cerró internamente la primer anécdota, pero la apertura pública, la inauguración propiamente dicha (con el envío de un email cuyo asunto era “Back2Square1: la Mutancia hecha anecdota.“, así, sin tilde en la “e” de anécdota debido a que hay programadores de habla inglesa, que aún no percibieron que existen en el mundo disminuidos mentales que les ponemos rayitas y garabatos a las letras), fue el veintiuno de Noviembre de dos mil ocho (para hacer calzar el dos y el uno de Back”2“Square”1” y el aniversario vigésimo primero del nacimiento de la primera formación de Los Intocables)…
Pero todo esto no quita que seas un joven muy atento, también a los detalles…
Alexander, te juro que habia pensado en eso que me explicas - tiene mucho sentido! Solo que preferí ir por la tangente del debate.
El 21 voy a usar alguno de los pins FP que me gané en el concurso.
Saludos!
Genial, la del debate es la mejor tangente!! (cuando no la de la polémica).
Nos vemos por aquí el veintiuno entonces, y si te vas a poner algún pin, recordá hacerlo sobre alguna camisa, remera, chomba o pullover (se pueden lucir también sobre otras prendas o miembros ortopédicos -ahí quedan monísimos-) pero nunca clavado en la carne; esto produce cierto estupor…
¡Gran abrazo!
HACE POCO ME ENGANCHE A LEER TODO (SI, TODO) LO QUE HAY EN B2SQ1. MUY BUENAS DEFORMIDADES PARA UN AÑO TAMBIEN DEFORME. ESPERO SUMARME A LOS FESTEJOS DEL ANIVERSARIO. ABRAZO Y ESPERO MAS!!
Aleska, Bienvenido al B2S1 y recordá que -lamentable o afortunadamente- este es sólo un viaje de ida…
Nos vemos el veintiuno…
Feliz Aniversario a todos los que hacen
Back2square1 (Alexander, Clody, Ariel y Kovalsky)
Me han hecho reir mucho con las anécdotas solo frente a la computadora ante la mirada atonita de amigos, familia, etc etc.! Un Brindis por Uds.!
Hernan